Me volví a mirar a la sabiduría, a la estulticia, a la necedad, porque ¿qué hará el hombre que viene en pos del rey? Lo que ya se ha hecho. Y vi que la sabiduría sobrepuja a la ignorancia cuanto la luz a las tinieblas. El sabio tiene ojos en la frente y el necio anda en tinieblas. Vi también que una misma es la suerte de ambos.
Y dije en mi corazón: "También yo tendré la misma suerte del necio; ¿por qué, pues, hacerme sabio; qué provecho sacaré de ello?" Y dije para mí: "También esto es vaciedad", porque del sabio, como del necio, no se hará eterna memoria, sino que todo, pasado algún tiempo, se olvida. Muere, pues, el sabio igual que el necio.
Por eso aborrecí la vida, al ver que cuanto se hace debajo del sol es malo para mí, pues todo es vanidad y apacentarse de viento, y aborrecí todo el afán que me había tomado bajo el sol, porque tendré que dejarlo a quien venga después de mí. ¿Y quién sabe si ése será sabio o será necio? Y, con todo eso, será dueño del fruto de mis afanes y de mi sabiduría bajo el sol. También esto es vanidad.
Eclesiastés 2, 12-19