Entonces, replicó diciendo:
¡Oh, si mis quejas pudieran pesarse y, a un tiempo, se pusiera mi desdicha en una balanza! ¡Luego, ésta pesaría más que las arenas del mar! Por eso han sido destempladas mis palabras, pues se han clavado en mí las saetas del Omnipotente, cuyo veneno bebe mi espíritu. Los terrores de Dios están alineados contra mí.
¿Rebuzna el onagro junto a la hierba? ¿Muge el buey ante su pesebre? ¿Se come lo insípido sin sal? ¿Qué gusto hay en la clara de huevo? Aquello que mi alma aborrecía se ha hecho mi comida de enfermo.
¿Cuál es mi fortaleza para esperar todavía? ¿Cuál mi fin para aliviar mi alma? ¿Es mi fuerza acaso la de las piedras, o es de bronce mi carne? No hay para mí ayuda alguna; todo socorro me ha sido negado. Rehusar de la piedad a su prójimo es rechazar el temor del Omnipotente.
Job 6, 1-14